Luz de candil

Un tibio suspiro a media noche,
desvela tu pequeña presencia.
Brote de mí mismo,
aleación de un amor apresurado y furtivo.
Tan frágil, sereno e indiferente,
caíste en mis brazos,
prendiendo la mecha del cálido candil,
con una llama nueva y viva,
que tornó abstractos pensamientos
en reales trazos de vida.
Desorientado en el el frío invierno,
sufría al pensar que todo quedaría diluido,
si la voz temblorosa del cálido candil,
muriera en aquella mesa,
al óxido olvidada.
Conservo el suspiro a media noche,
guardo la llama en el cálido candil,
que alumbra nuestras grises vidas,
sumergidas en absurdas lides,
que se esfuman con nosotros,
cuando sopla el viento.

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